Del
asesinato de Anabel Segura y del rapto de Pepito Mendoza. Crímenes que
se han de recordar para que no se repitan y para honrar la memoria de
las víctimasHemos de entender –por activa y por pasiva–, que muchas
naciones del globo terráqueo se enfrentan en la actualidad a una
especie de pandemia del terror o miedo, que da la sensación de no tener
precedentes en los anales de la historia. Hoy en día comprobamos cómo
fortificamos –todos nosotros o la mayoría– nuestros hogares hasta los
dientes; hoy en día comprobamos cómo colocamos –todos nosotros o la
mayoría– alarmas o sistemas de seguridad en nuestras viviendas; hoy en
día comprobamos cómo ponemos –todos ...
nosotros
o la mayoría– cajas fuertes de seguridad en nuestras casas, y guardamos
unas pocas joyas que fueron de nuestros antepasados... Todo lo anterior
debido es, con razón, a la inseguridad ciudadana por la que estamos
atravesando: secuestros, asesinatos, detenciones ilegales...
Recordar
asesinatos, secuestros, crímenes, detenciones ilegales –sus historias–,
forma parte de la idiosincrasia de todos los países, de tal forma que,
la historia de una nación, es también la historia de sus asesinatos.
Esto es así, aunque entiendo que es penoso para los familiares que aún
viven. Más mirado desde el interior de nuestros corazones puede ser, y
en cierto modo, un homenaje a la persona fallecida, que sirva para
aflorar nuevamente lágrimas a esos ojos que nunca dejaron de mirar la
última fotografía del ser querido, y que de esta manera sientan en sus
corazones que el recuerdo nunca muere, y que la muerte con violencia de
un ser humano debe ser castigada con todo rigor por el peso de la ley
–nuestros jueces-.
Ésta es mi intención franca, leal,
desinteresada, y lo proclamo a los cuatro vientos, al objeto de que
crímenes como éste no vuelvan a repetirse nunca más. Fue un hecho real,
que superó mil veces a distintas narraciones similares echas por
aquellos escritores de pluma fácil e inteligencia demostrada a lo largo
de la historia de la Humanidad. Ésta es mi intención franca, leal y
desinteresada, y lo proclamo a los cuatro vientos, al objeto de que
asesinatos como éste no vuelvan a repetirse nunca más; al objeto de que
raptos como éste no vuelvan a repetirse nunca jamás.
La historia
de un asesinato y un rapto: la del asesinato de Anabel Segura y del
rapto de 'Pepito Mendoza', que en su día conmocionaron a la opinión
pública –los españoles–, son hechos que jamás deberían volver a
repetirse porque atentaron y atentan contra el principal derecho del ser
humano: el derecho a la libertad.
"Corresponde a las mujeres llorar, y a los hombres recordar", Tácito, De moribus Germaniae, 27.
Todos, entiendo que en aquellos momentos, nos hicimos las mismas preguntas: ¿y si vive? ¿y si la han matado?
Y
como a los hombres nos corresponde recordar, ahora recuerdo que…
pasaron quince años, quince años desde aquel inolvidable 28 de
septiembre del año 1995. En verdad, y entiendo que todos los españoles
nos conmovimos, cuando los medios informativos, como es costumbre en
ellos, nos comunicaron lo siguiente: "La policía española ha procedido a
la detención de los presuntos autores del secuestro (detención ilegal
en nuestro Código Penal vigente) de Anabel Segura. Todos, entiendo que
en aquellos momentos, nos hicimos las mismas preguntas: ¿Y si vive? ¿Y
si la han matado?
Al día siguiente, la noticia no se hizo
esperar: todos los medios de comunicación informativa se hicieron eco de
la muerte de Anabel.
Veintidós primaveras unidas al nombre de
una mujer –un ángel femenino–, habían sido vilmente maltratadas,
sometidas a la barbarie por parte de dos individuos, con resultado final
de muerte (¿Asesinos?: todos tuvimos que comprender que sería la
justicia española quien habría de dar la última palabra al respecto). ¡Pobre Anabel!
España
entera y nosotros con ella –los gallegos–, nos unimos al dolor de la
familia, que sufrió –una vez más– el embate de la agresión en la calle y
en sus propias carnes, cuando una de sus dos hijas se convirtió en
ilusión muerta.
Todos los calificativos que dimos a los supuestos
autores, de tan vil hecho cometido, fueron pocos. La bestia que todos
llevamos dentro surgió, una vez más, de y entre la sociedad española,
por lo que comprendo que debemos poner todos los medios a nuestro
alcance, a fin de erradicar para siempre estos terribles eventos
luctuosos.
Los
móviles de tan terrible acción no estuvieron claros; aparentemente se
barajaron los de 'tipo económico', 'agresión sexual –violación– con
resultado final de muerte',... Pero fue, como es lógico, el médico
forense –una vez realizada la autopsia–, quien emitió el informe
preceptivo correspondiente, y así esclareció las causas reales de su
muerte. La autopsia efectuada en el cadáver de Anabel Segura dio como
resultado que ésta murió ahorcada. Pero debido al tiempo transcurrido
–casi dos años y medio, dado que fue secuestrada el 12 de abril de
1993–, el estado de sus restos mortales impidió demostrar –en la
autopsia–, si fue violada antes de llevarse a cabo su asesinato. El
móvil fue el económico, y los autores –convictos y confesos– resultaron
ser: Emilio Muñoz Guadix (fallecido) y Cándido Ortiz Añón,
'Candi' (fallecido), ambos de 35 años. Felisa García Campuzano, quien
había siso acusada de encubrimiento y cooperación en el secuestro y
asesinato de Anabel Segura, fue puesta en libertad por decisión judicial
de la Audiencia Provincial de Toledo.
[En abc.es
de fecha 19-2005, se podía leer el siguiente comunicado de Mercedes
Vega/: TOLEDO. Cándido Ortiz Añón (fallecido), uno de los asesinos de la
joven madrileña Anabel Segura, disfruta estos días de un permiso
carcelario, según han manifestado a este diario fuentes penitenciarias.
(…).]
Así se cuenta la historia, y ¡ver para creer! En la Biblia,
y en el Evangelio de San Juan (cap.20/ vers.29), nuestro Señor
Jesucristo le dice a Tomás: "porque me has visto, Tomás, creíste.
Bienaventurados los que no vieron y creyeron".
Este hecho
delictivo, no obstante, motivó mi intelecto, y, desde luego, sentí
tristeza, indignación contraída, repulsa... Todo lo cual me condujo a
escribir el siguiente canto–lamento: ¡Que se la llevaron esos malvados!,
/ robándole la vida, / que Dios la había dado, / pero nadie aún ha
contestado: / ¡Si vives!, ¡Si te han matado!
Haciendo historia, y
en nuestra ciudad de La Coruña, se produjo un acontecimiento –un
secuestro–, que sin tener un móvil definido al principio (después,
averiguaciones policiales posteriores concluyeron afirmando que "el
mismo tuvo motivaciones sentimentales o amorosas"), conmocionó a España
entera. Fue un delito atípico para aquellas fechas (23 de septiembre de
1957).
Corría el mes de septiembre de 1957, cuando un niño de dos
años y medio, que se encontraba al cuidado de su niñera jugando en los
jardines de Méndez Núñez, desapareció, confirmándose posteriormente que
había sido raptado. A los tres días del suceso, el menor –'Pepito
Mendoza'–, fue devuelto a sus padres por el Superior de los Jesuitas, a
quien se le habían entregado bajo secreto de confesión.
Fue
decisiva la labor llevada a cabo por los medios de difusión de noticias
(prensa y radio), por la población de nuestra 'ciudad cristal' y por la
Policía de la capital coruñesa, mandada a la sazón por don Mariano:
comisario, querido y respetado por los coruñeses. Sin la intervención de
las aludidas fuerzas propulsoras, el pequeño, sin duda, no hubiera sido
entregado a sus padres, como lo fue, a los tres días de su
desaparición. Se detuvo a la autora del secuestro un mes más tarde. Por
cierto, don Mariano, fue mi padre, del que me siento y me sentiré
orgulloso el resto de mis días.
Hoy en día 'Pepito Mendoza'
se ha convertido en todo un hombre (José Mendoza, fallecido en mayo de
2009), que vivió en Valencia, esa tierra maravillosamente industrial,
artesana, creativa, amante del campo, de las bellas artes, con sus
bellas mujeres... (¡Qué más puedo decir de Valencia...!). La Policía
española dio muestras, una vez más, de que, cuando quiere y le dejan
–los Gobiernos de turno–, está a la altura de las mejores del mundo. Y
esto es una verdad como un templo.
La Coruña, 27 de abril de 2010
Mariano Cabrero es escritor
Fotografía de Anabel Segura
"La Voz de Galicia"/Fotografía de José Mendoza

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